Como un rayo de luz que devela lo oculto por las tinieblas, que esclarece lo que era duda, que hace entender lo que antes era incomprensible llegó a mi mente ese mensaje, aquella frase sin otra intención que generar risa, revelándome "el código de Dios" impreso en ellas...
Era tarde y estaba cansado pero no lo suficiente para dormirme, me encontraba aburrido zapeando en la tele cuando de repente, por casualidad o por un conjunto de determinadas cuestiones que guían el destino, me detuve en un programa en el cual un artista de stand up comedy (Antonio Sanint - Quien pidió pollo
¿Cual es esta verdad?, ¿Cual es el mensaje que irrumpió mi mente?... antes que nada recomiendo que tomen asiento, respiren profundo y despejen su mente (es necesario despejar el campo de batalla para el apoteósico enfrentamiento que pronto se dará en sus cabezas). El mensaje es el siguiente: "las mujeres nacen con el número de óvulos que van a tener durante toda su vida".
Las implicaciones de esta sentencia son infinitas, empecemos por decir que en contraposición los hombres producimos millones de espermatozoides a diario y esto se refleja en una selección mas estricta de la pareja por parte de las mujeres, o mejor dicho en una selección por parte de ellas y un "dispárele a lo que se mueva" por parte de los hombres. Y pensar en los alardes de los hombres cuando decimos que conquistamos a una chica, son ellas quienes lo hacen, siempre ha sido así, a veces no necesitan más que una mirada o una sonrisa para hacerlo. Lo peor es que ellas lo entienden perfectamente, saben que un solo movimiento despertará nuestro instinto y nos llevará inevitablemente a hacer exhibiciones de virilidad frente a ellas. Ellas son Nerón en el palco del Coliseo observando como luchan los gladiadores para decidir a quien salvarle la vida.
Los hombres somos simples, nuestra estrategia de conquista es atacar, la estrategia de las damas es más compleja ellas conocen cientos de señas para atraer o repeler a un caballero, pareciera que tienen un idioma propio. No obstante, a ellas no les gusta la competencia, nosotros estamos acostumbrados a librar batallas con manadas de animales hambrientos, ellas no quieren que una rival interfiera con su presa, con su gladiador, por lo que los enfrentamientos entre ellas son los más temidos de la especie.
Ese manejo de las señas, tan efectivo en la conquista, puede no ser comprendido en la vida de pareja, a veces al intentar generar una reacción en el hombre con un mensaje cifrado este puede ser mal entendido o simplemente ignorado llevando a una frustración en ellas y a una completa incomprensión de los hombres. Cuando dicen todo esta bien pero cruzan los brazos (por inventarme un ejemplo) nosotros simplemente entenderemos que todo esta bien y nos iremos, mientras ellas esperan generar un comportamiento completamente contrario.
Quizás este razonamiento solo aplique para relaciones de pareja, pero en últimas eso esta relacionado con casi todas las actividades humanas, pues al final simplemente somos una especie animal que busca reproducirse con el mejor espécimen posible.
La próxima semana iniciaré un debate sobre teorías cruzadas (Keynes vs. Nietchze).
jueves, 23 de septiembre de 2010
Complicarlo todo es parte de su naturaleza
jueves, 16 de septiembre de 2010
La mediocridad
Siempre se ha dicho que el ser humano es el diseño perfecto de la naturaleza, o que somos hechos a la imagen de Dios (lo cual puede sonar un poco pretencioso). Sin embargo, lo cierto es que, como todo en la naturaleza, somos "mediocres".
Algunos filósofos de la antigüedad pensaban que el hombre tenía una perfección incompleta y que esto lo llevaba a que siempre buscara alcanzar la perfección en todo lo que hacía. Quizás haya un poco de verdad en esto, pero es claro no siempre buscamos la perfección.
Para develar la vulgar esencia del ser humano podemos apoyarnos en el concepto de "mediocridad"; la palabra mediocre se entiende como algo que no es suficientemente bueno, más bien cercano a malo. En este sentido, es claro que en algunas ocasiones intentamos hacer las cosas lo mejor posible y cuando estamos cerca de finalizar queremos seguir mejorándolas. Sin embargo, en otros casos simplemente no nos interesa el resultado o preferimos hacerlo mal para finalizar con mayor prontitud, es decir, tomar un atajo (como lo discutimos en un artículo anterior). Por otro lado, a veces las cosas nos salen mal sencillamente por que no tenemos las habilidades, los conocimientos o los elementos necesarios.
Quizás por esto último los sicólogos de colegio siempre insistían en que uno debía buscar una profesión en algo que le gustara y para lo que fuera bueno (yo soy bueno para tomar cerveza y ¡vaya que me gusta!). No obstante, el punto al cual quiero llegar es que hay más puntos a favor de la mediocridad que de la perfección, finalmente aunque le apuntes a estudiar algo que te encanta y en lo que eres decididamente bueno es posible que el entorno no te ofrezca las condiciones idóneas para explotar al máximo todas tus actitudes y aptitudes.
Nada más concluyente para esclarecer la naturaleza del hombre que una explicación mediocre como esta. Los espero próximamente en mi siguiente artículo: "Complicarlo todo es parte de su naturaleza".