Algunas veces aceptamos cosas a nuestra conveniencia sin importar si están mal o bien, en ocasiones estamos tan enojados por algún acontecimiento que nos afectó, que podemos cruzar el límite de aquello que creemos correcto...
¿Cuáles son los límites que no debo cruzar?, esta cuestión rondó por mi cabeza durante años, una duda que en teoría pareciera tener una respuesta simple, obvia; sin embargo la realidad ha demostrado que esto no es así.
En búsqueda de respuestas me tropecé con la visión de un filósofo italiano conocido como Tomas de Aquino, quien en “Summa Theologiae”, una de sus principales obras, en su afán de demostrar la existencia de Dios, explica quiénes somos y porqué hacemos las cosas. Él expone que los humanos somos criaturas con propósitos y por tanto detrás de todo lo que hacemos hay una razón para hacerlo, dice que nuestras intenciones determinan quienes somos, es decir, un solo acto apenas si afecta a nuestra persona, pero si se vuelve una aspecto cotidiano se convierte en lo que somos y si es algo común en nuestra sociedad se torna en uno de nuestros valores.
Precisamente, son estos valores los que he tomado como la definición de límites, es decir, si somos una comunidad de guerreros que acostumbramos a asesinar para conquistar nuestros objetivos, entonces matar a otras personas no será nuestro límite; pero si somos una comunidad en la cual el diálogo y las protestas pacíficas son siempre la salida, un asesinato cruzaría totalmente los límites de nuestra comunidad. Esto quiere decir que, en teoría, los límites bien pueden ser las leyes de cada país.
Sin embargo, en la práctica no es tan claro cuales son nuestros límites. Si nos proponemos una meta y el camino para llegar a ella está lleno de obstáculos seguramente nos gustaría encontrar un camino más fácil, un atajo, para alcanzarla. Entonces, qué sucede si esta ruta cruza algún límite ¿Debo cruzarlo o debo respetarlo sin importar lo noble de mi causa?, si quisiera acabar con el terrorismo ¿Tendría mas derecho a cruzarlo que si solo quisiera petróleo y riqueza?
Lo anterior es solo una muestra de que el mundo está lleno de doble moral. Cuestionamos y prohibimos la pornografía, pero permitimos escenas de violencia explícita en la televisión, el cine, las revistas... Cuando dos niños de 2 años se dan besos nos parece lo más curioso y divertido, pero si tienen 15 se convierte en pecado.
Si una persona asesina a 50 niños ¿Deberíamos condenarlo a la muerte? No sería esto como castigar a alguien por cruzar un límite cruzando ese mismo límite. Este tema es sumamente complejo, pues si yo decidiera que el asesino merece la condena, asesinar se volvería aceptable, entonces ¿Por qué castigarlo?
Todos estamos llenos de doble moral, los que han sido infieles, aquellos que se han sentido bien cuando algo malo le pasa a alguien malo o quienes no dejan ver una imagen de una persona desnuda a sus hijos pero los dejan ver películas violentas. Bueno, gracias por acompañarme en este nuevo artículo, dentro de 15 días los espero con un artículo titulado Sexy y barrigón.
martes, 20 de abril de 2010
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