jueves, 16 de septiembre de 2010

La mediocridad

Siempre se ha dicho que el ser humano es el diseño perfecto de la naturaleza, o que somos hechos a la imagen de Dios (lo cual puede sonar un poco pretencioso). Sin embargo, lo cierto es que, como todo en la naturaleza, somos "mediocres".

Algunos filósofos de la antigüedad pensaban que el hombre tenía una perfección incompleta y que esto lo llevaba a que siempre buscara alcanzar la perfección en todo lo que hacía. Quizás haya un poco de verdad en esto, pero es claro no siempre buscamos la perfección.

Para develar la vulgar esencia del ser humano podemos apoyarnos en el concepto de "mediocridad"; la palabra mediocre se entiende como algo que no es suficientemente bueno, más bien cercano a malo. En este sentido, es claro que en algunas ocasiones intentamos hacer las cosas lo mejor posible y cuando estamos cerca de finalizar queremos seguir mejorándolas. Sin embargo, en otros casos simplemente no nos interesa el resultado o preferimos hacerlo mal para finalizar con mayor prontitud, es decir, tomar un atajo (como lo discutimos en un artículo anterior). Por otro lado, a veces las cosas nos salen mal sencillamente por que no tenemos las habilidades, los conocimientos o los elementos necesarios.

Quizás por esto último los sicólogos de colegio siempre insistían en que uno debía buscar una profesión en algo que le gustara y para lo que fuera bueno (yo soy bueno para tomar cerveza y ¡vaya que me gusta!). No obstante, el punto al cual quiero llegar es que hay más puntos a favor de la mediocridad que de la perfección, finalmente aunque le apuntes a estudiar algo que te encanta y en lo que eres decididamente bueno es posible que el entorno no te ofrezca las condiciones idóneas para explotar al máximo todas tus actitudes y aptitudes.

Nada más concluyente para esclarecer la naturaleza del hombre que una explicación mediocre como esta. Los espero próximamente en mi siguiente artículo: "Complicarlo todo es parte de su naturaleza".

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