lunes, 22 de febrero de 2010

El rastro de tu sangre en el trago

¿Será posible que, como Rogue en la serie de comics X-men, una persona pueda absorber la energía vital de otra persona? Pues según lo que viví en una de las fiestas más locas en las que he estado, yo creo que sí.

Estábamos terminando los preparativos para una de las fiestas de colombianos que realizamos en la universidad, cuando una de nuestras compatriotas sufrió una herida en su dedo índice dejando caer unas gotas de su sangre en el coctel que se ofrecería en la noche. Ella, quien entonces era conocida por ser alegre, parrandera y muy sociable, nos hizo notar el accidente; sin embargo, nosotros no le vimos inconveniente a ese pequeño detalle y decidimos dejar el coctel tal como estaba.

Como consecuencia, todos los que bebieron del coctel tuvieron una actitud diferente esa noche, mucho más parecida a la personalidad de la colombiana. Es así, que todas las personas salieron emparejadas y estuvieron más parranderas y alegres de lo normal.

Aunque es claro que el alcohol per se genera cambios en la personalidad, ese día fue especial. La alegría y, más aún, la sociabilidad de las personas llegó a niveles que creíamos imposibles hasta entonces, además nadie se comportó de manera violenta o aburrida, es decir, todos se comportaron un poco como ella.

Pareciera que esa gota de sangre hubiera, de alguna forma, causado una reacción química al mezclarse con el trago. Como si las células de la colombiana conservaran información de su personalidad, algo así como memoria celular, y las personas llevaran estas células, esparcidas por cada centímetro cubico de alcohol, a su cerebro a través de los rápidos conductos del sistema nervioso.

En últimas agradezco que el rastro de sangre en mi copa haya sido de ella y no de cualquier otro sicópata.

¿Alguna vez les ha pasado algo similar? deja tu opinión acerca del tema en un comentario. Los espero la próxima semana en una teoría llamada “ojos que no ven ¿corazón que no siente?”

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lunes, 15 de febrero de 2010

Cadena de maldad

Seguramente para todos es claro que las personas afectan de diferentes formas a los demás individuos con quienes interactúan, de ahí los dichos "dime con quién andas y te diré quién eres" o "el que anda entre la miel(da) algo se le pega". Sin embargo, cuando las cosas son tan obvias generalmente no les gastamos mucho tiempo analizándolas, por el simple hecho que nos parece tonto pensar por qué el agua moja.

Pues en épocas de exceso de tiempo libre algunos amigos y yo nos dedicamos a analizar por qué algunas personas eran tan miserables en la forma de tratar a su pareja y como parecía existir una tendencia a que cada vez más personas terminaran actuando así.

Como respuesta a este "misterio", dedujimos lo que sucedía: esa maldad se transmitía como un virus de relación en relación, un individuo que le causa heridas emocionales su pareja a su vez le esta enseñado como sobrevivir en el mundo de las relaciones y esa persona debe aprender o "morir en el intento". Es como una especie de evolución darwiniana del amor, solo sobreviven los más fuertes.

Lo "peor" es que entre mejor te adaptes más probabilidades tienes de ser exitoso en el mundo de las relaciones amorosas, pareciera que la arrogancia y seguridad que emanan esas personas aumentara la atracción por ellas. Hemos visto como entre más promiscuo sea alguien más fácil se le hace conseguir parejas.

Pero donde comienza todo, después de todo, como bien lo dijo Jean-Jacques Rousseau, el hombre es bueno por naturaleza. Al parecer, hay un momento en la vida amorosa de cada persona en la cual encuentra alguien por quien siente algo especial; sin embargo, si ese alguien especial actúa de forma miserable seguramente causara una herida profunda en la persona que le cambiará la forma de ver sus relaciones amorosas. De ese momento en adelante las probabilidades de que esa persona le haga lo mismo a otra, agregando un eslabón más a la cadena, crecen exponencialmente.

No obstante, lo enunciado no implica que cada eslabón termine actuando de esa forma durante toda su vida o con todas las personas, solo significa que esa cadena nunca tendrá final.


Gracias por acompañarme en esta nueva teoría, el próximo lunes publicare un artículo llamado "El rastro de tu sangre en el trago".

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